Que varias veces al día me entorpeces la cabeza, te cruza como de la nada y me llevas bien sabes donde...
No es para reprochar tu ausencia, no no, no te confundas...
La sensación de un recuerdo confortable que sostiene a las tinieblas enmarcadas en la luz.
Ecos de pasos perdidos en habitaciones sin bordes, sin espacios y sin tiempo.
Otro mutilante, facilitante, existencial.
(los silencios me ensordecen)
El fantasma y la realidad sometidos al mismo orden, y me vuelvo un transcurrir onírico en constante despertar.
El vacio: lo único que me deja ser.
La nada: la marca del camino en mis pies.
Somos nada… somos todo en la nada.
Caminamos perdidos de nostalgia, tratando de recobrar algo que jamás fue nuestro… (que jamás lo será).
Decimos con voz de sangre que no queremos morir (pero no podemos dejar de hacerlo).
Gritamos con gargantas de cartón que solo queremos ser libres (pero nos atamos, temerosos, a las sombras)
No puedo soportar el dolor. Pero quizá sea lo único que me permita reconocer que vivo, que soy (que voy a dejar de ser)
Angustia dolor miedo ser nada todo AMOR sexualidad sexo abominación flores en la mierda vida en la muerte muerte en la vida tener querer poder nada en formación en deformación en transformación.
Recuerdo mi vida superada por un mundo de vacio, ese que come las entrañas del amor, que digiera la nostalgia de aquel minuto que pasó.
Te recuerdo como un eco en la nada, esa nada que forma y transforma, como un circulo en el agua, que golpea la angustia del no poder ser, de no poder oír, de no poder hablar. Ese autismo irascible que mutila el deseo, suturando el camino hacia atrás, que sacude los tendones para dejar caer, para sucumbir a la inestabilidad del hombre que no fue y del niño que dejo de ser.
Ser lo que no se puede y poder ser lo que no se es.
Como un camino truncado por la tormenta de los años. Acomodando círculos que giran, estáticamente, en un mundo dialectico de cómo no-ser siendo.
En ese mundo de sin-sentido, yo soy mi tierra a la que algún Copérnico descentro del universo. Aquel que se puso como un sol, eclipsando la memoria del mañana, postergando la lucha del hoy, y negando a las parcas su acto principal. Sumiendo la existencia en una agonía insurrecta que no permite ninguna obscenidad.
Sentirse muerto estando vivo, ser inmortal por no poder morir…
Ser inmortales como el deseo, ser el deseo en si. Atrapados un solipsismo angustiante marcado por el propio desengaño.
Y pensar que una vez fui el centro de un universo mágico al que algún Copérnico desautorizo. Desterrando de mi reino, a mi, su propio creador.
No hablar, solo oír.
Palabras plenas de sentido. Sujetos que no emergen. Sombras que comen y agujeros negros.
¿soportar?
Solo hasta que las tinieblas se tiñan de obscuridad.
Nadie sube si estoy arriba… nadie sale si estoy afuera.
Nadie me acompaña si me quiero ir…
Nadie toma un atajo para alcanzarme…
(…salvo que necesiten algo…)
¿Cómo detener al tiempo que se escurre? ¿se escurre? ¿no será acaso que nosotros nos escurrimos del tiempo, que nosotros nos volvemos cada vez mas infinitos?
¿Qué sentido tiene detener el tiempo? ¿no es acaso detenerlo perdurar? ¿no es acaso detenerlo recordar? ¿no es acaso detener el tiempo brindar por los que no están? ¿no es acaso detenerlo llenar el espacio de recuerdos?
No nos volvamos de piedra. Cero es el tiempo de transición, seamos entonces de humo, fluido y escansión, seamos marca.
Reptemos y explotemos.
El tiempo es, y no puede nunca dejar de ser
…en eso nos parecemos a él